Mié. Ene 26th, 2022

Por Daniel do Campo Spada

En marzo de 2020 el Presidente Alberto Fernández se vio forzado a decretar una cuarentena inmediata para prevenir la propagación del virus de COVID-19 que se expandió en forma inmediata por todo el mundo. Contrariamente a países que se burlaron del tema como Estados Unidos, Brasil, Colombia, Ecuador y Chile entre otros en el Argentina el sistema sanitario jamás colapsó gracias a la construcción acelerada de una docena de nuevos hospitales. Al mismo tiempo, muchísimas actividades, forzadas por las circunstancias descubrieron que muchas cosas (desde la educación hasta el comercio, pasando por la administración pública y la Justicia) se podían hacer desde las casas. El planeta se limpió al no desplazarnos innecesariamente, muchos descubrieron sus actividades hogareñas, la convivencia familia y recuperaron el hábitat. Sin embargo, terminando 2021 parece que no se ha aprendido nada y se fuerza retrógradamente a un retorno fisico que esconde otras intenciones.

Cuando la población mundial se vio forzada a guardarse en cuarentena se produjo un importante miedo colectivo al contagio. Muchas actividades se tuvieron que reconvertir de la noche a la mañana. Algunas descubrieron que había otra forma de vivir y trabajar. Mientras que una parte pudo obtener una calidad de vida a la que no se le permitía acceder por la obligartoriedad de la presencialidad, otra parte terminó confirmando la precariedad de sus viviendas (servicios y espacio) y la carencia de infraestructura (conectividad y equipos). El problema que de debe atacar es esa asimetría que es injusta.

Ahora, como si no se hubiera aprendido nada y en forma indiscriminada se fuerza el retorno de todos y todas a la presencia física sin analizar qué actividades podrían seguir en forma remota. Queda claro que algunas actividades se han resentido con el aislamiento hogareño, pero también es cierto que muchos que habían descubierto otra calidad de vida comienzan a perderla nuevamente, retornando a sus vidas miserables, las mismas que tenían antes de la cuarentena. Antes de la crisis sanitaria se pensaba que no había otra forma de hacer las cosas, pero ahora…

El retorno forzado responde a intenciones que no son las que se declaran. Detrás de eslóganes fáciles se esconde la necesidad de recuperar (en la mayoría de los casos) márgenes de maniobra para vidas paralelas. Muchas parejas de amantes no pudieron seguir con sus encuentros furtivos cuando debieron quedarse con sus familias. Los jefes y jefas no podían infundir temor cuando apenas se las veía por una cámara o un e-mail. ¿Qué importancia tenían sus despachos y su presencia física intimidante en las 10 pulgadas de un zoom? Y así sucesivamente.

Sería utópico y en algunos casos condenatorios establecer modos rígidos en un sentido u otro. Pero lo que se percibe es que hay un retorno sin razonamiento a una presencialidad en la que se perderá todo lo bueno que se dispuso gracias a la emergencia. En lugar de ir por lo que no estuvo bien, se pierde todo como si fuera un tsunami. El retorno atrás, al pasado que estaba lleno de porquerías, sin analizar demuestra que no se aprendió nada. Volvemos a contaminar, a perder meses y años de nuestra vida en viajar largas distancias, comer alimentos industrializados y rápidos, contaminar el medio ambiente, olvidarnos de nuestros hogares que apenas veremos unos minutos antes de acostarnos para dormir apurados ante la nueva jornada para… poder recuperar todas las maldades de la vida anterior. La ecuación no cierra.

Muchas instituciones educativas, sobre todo las de niveles terciario y universitario aumentaron sus matrículas ante la posibilidad de estudiar desde el hogar, desde sus provincias y hasta desde sus países. El sueño del estudio al alcance de la mano que bosquejó el autor de esta nota en su libro “E-Bosque” (Daniel do Campo Spada. Ediciones El Garage. 2002) con una profundidas que no lograron impulsar los igualitarios planes Conectar Igualdad, Juana Manso y otros. Sin embargo, se fuerza un retorno forzado en medio de un discurso tonto de “los jóvenes están en un mundo tecnológico increíble” pero… “sentate en ese banco y estudiá.. o trabajá” como en los siglos pasados. Es el doble discurso.

Ese doble discurso es el mismo que utiliza un argumento falso para tener espacios para otras cosas. Cuando se habla del retorno físico de todas las actividades, casi no se esgrimen reales razones operativas para esas actividades. Son falsedades para permitir ese margen de maniobra que va desde amantes, doble vida, etc, etc. Los amigos y los afectos deben estar en los espacios que les corresponde

do Campo Spada, 2021 © – ddocampo@tvmundus.com.ar

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